Parrafadas

 

18/01/2017

De ratón de biblioteca a cibernauta navegante:

Hace unos días acomodaba mi biblioteca y me encontré unas revistas que atesoro con gran cuidado pues están llenas de pinturas y obras de arte. Con ellas solía explayarme en lectura, admiración y ensoñación, pues a través de las imágenes entraba a un mundo lleno de ideas exquisitas. En este caso se trataba de una revista de Victorian and pre-Raphaelite Engravings, ejemplar correspondiente a noviembre y diciembre de 1993.

Abrí el tomo en una de sus páginas (no son numeradas) y me encontré una imagen de esas a través de las que yo viajaba a mundos extraños. Tomé mi teléfono y le hice una foto y pensé compartirla en mi faceB. Luego pensé publicar las demás imágenes,una foto al día, de manera tal que muchas personas pudieran tener acceso a una publicación esclusiva, relativamente vieja y de escasa circulación, y así obsequiar una pincelada cultural a mis amigos.

Empecé a imaginarme haciendo fotos de otras bellas imágenes que hay en otras revistas que recibía en los años 80s, como Kultur Chronik, Humboldt… y terminé lamentado haber perdido mi colección de muchos años de Francia Informaciones y otras que me llegaban de Francia y Suiza. Algún día escribiré cómo me hice de esas suscripciones y de qué manera las perdí a finales de los 90s.

20170118_130017-1

Portada.

Hecha la foto, tomé un papelillo para apuntar los datos básicos que describirían el momento supremo de conectar a los del presente con ese pasado que tanto guardo en mi memoria. Los coloqué al pie de la foto en cuestión, que es la que sigue:

20170118_130037-1

After Sir Lawrence Alma-Taderma, OM, RA (1836-1912)

2.The Baths of Caracalla

Photogravure

Signed by artist. Bears PSA stamp; 25¼ x 31″,

Published by Arthur Tooth y Sons, 1907

Como podrán comprobar, fue una excelente idea, me iba a dar cuerda para muchos días, pues son una “infinidad” de imágines de interesantes historias. Además, ya estaba pensando en salpicar cada publicación con enlaces modernos a museos, WikiP y otros sitios que dieran mayor profundidad a cada trabajo…¡y esa fue mi caída!

Mi primer paso en la red fue buscar la imagen del cuadro Los Baños de Caracalla…¡y existe!, una preciosa imagen a color, mucho más definida, con una historia de la misma. Eso no me desanimó, pensé: _eso dará más valor a mi publicación, pues se podrá profundizar en datos; además, mi imagen es en blanco y negro y en estos casos, eso es muy apreciado.

Ya con certeza de que igual me iba a suceder con todas las demás fotografías que podría subir a la red, hice a un lado la idea, pues nada cuesta localizar el enlace y subirlo, evitándome el trabajo de hacer la foto, recortarla, documentarla, pasarla a la pc a través del correo, bajarla, subirla al faceB ya con todo, etc.

Sin embargo, quedó un gusanillo taladrando en mi mente. Otro día me puse a buscar al autor de la pintura, Lawrence Alma-Taderma, para ver quién fue. Me leí todo lo que WikiP tenía y me llamó la atención la relación con otro pintor: Jules Claretie. Procedí a leerme todo lo de Jules y me encontré otra relación: Limoges, la ciudad natal de Jules.

Ya pueden irse imaginando lo que haría en una biblioteca, de estante en estante y de libro en libro, mientras que actualmente, con el teléfono, vas oprimiendo en los enlaces que te da gusto hacerlo. Limoges es un lugar que me quedó en el alma de cuando me leí los 7 tomos de “En busca del Tiempo Perdido” (solo me gustaron los dos primeros tomos, que no oiga Proust).

Decía que leí lo relativo a Limoges y me metí al enlace Camino de Santiago (Vía Lemovicensis), pues quedé impresionado de haber visto a los peregrinos atravezando el norte de España para ir hasta el santuario del Apóstol. Usan un caminito ancestral, que no es cruzado ni arrinconado a pesar de las maravillosas autopistas y desarrollos que hacen cada día.

Leyendo Camino de Santiago, oprimí el enlace de Mozárabes. Esa es una palabra que todos hemos oído y tenemos una idea de su significado: algo tan sencillo, que uno no se preocupa por investigarlo, simplemente cree que esa idea que tiene es la correcta.  Pues bien, mozárabe no es lo que uno se cree, es algo muy distinto, investigue y verá qué extraña y curiosa historia se desvela detrás de esa investigación.

Pues bien, esto viene terminando conforme se fue extinguiendo mi interés por hacer las publicaciones que comenté al inicio (aunque podría ser que no, solo cambiando el enfoque…veremos). Al puro final de estas lecturas que hice con fruición, encontré un cuadro que para mí hizo valer toda la navegada:

mozarabe

La lengua mozárabe, extinta en el s. XIII no es otra cosa que el español que nosotros deberíamos haber heredado de nuestros conquistadores provenientes de España, pero veo pistas muy concretas de que eso no fue así tal como se concluye si uno lee el mesaje en la primera columna.  Entonces, deberíamos haber heredado el castellano según se aprecia en la segunda columna, pero creo que no.  Finalmente, la jerga que más se me parece a nuestro español desde tiempos de la colonia es el Ladino/Judeoespañol.

Juzguen ustedes y espero similitud de criterios, y si no, seguiré pensando lo mismo, heredamos el lenguaje que hablaban los judíos de aquella madre patria. ¿porqué será?, solo Dios podría aclararnos este bendito acertijo, pero no dudo que muchas personas pueden terciar y enseñarnos mucho al respecto; espero que así sea.

 

 

01/03/2013

Otro sueño.

Hace como 3 días tuve un sueño, pero no le he podido despejar, me corroe sin mortificarme, no sé qué pasa.

Algo hay de un bus, iba con un grupo, pero los detalles están nublados, no puedo reconstruir nada.

Después, iba por una calle de tierra, medio cubierta de arena gris, en medio de frondosos árboles tropicales de los que colgaban mechas de musgos y lianas mecidas por el viento. Había un contraste agradable entre el verde del follaje y el café de los troncos corrugados y pringados de líquines.

Subía una leve pendiente, en medio del camino, había humedad de reciente aguacero, pero no charcos ni gotas que cayeran de las ramas altas que cubrían el sendero.

De pronto ví, a mi izquierda, un toro enorme, entre blancuzco y con pintas negras (similar como las holstein), de pie, intrigado por mi caminar. A su lado había otro animal café, que yo intuí era una vaca.

Cuando el toro caminó hacia mí, torcí por una desviación hacia la derecha y encontré un montículo de piedras sobre el que me subí. Al llegar arriba, me sostuve agarrado de ramas delgadas que facilitaron mi sostén.

Pude ver pasar a ambos animales hacia el fondo del camino, trotando y con ese ruido de sus pezuñas en la penumbra de la noche.

Pasaron junto a una mujer que venía por el camino sin hacerle nada, jajaja.

Esa mujer se acercó al cúmulo de piedras sobre las que yo estaba subido y empezó a medio acomodar algunas… entonces me percaté de que eran como bloques apenas colocados, sin amalgama de ninguna especie, flojos.

La mujer era joven, delgada y con ropa semi deportiva. La dejé marchar y analicé los bloques sobre los que estaba… se tambaleaban ante cualquier movimiento mío. En la cara exterior tenían petroglifos con caracteres mayas grabados.

Definitivamente no me podía bajar sin desarmar ese rompecabezas y quebrarme la vida entre los pedruzcos. Ahí quedé, asido a las ramas. Al rato comencé a “monear” en las ramas hasta alcanzar el tronco del árbol y empezar mi descenso.

Bueno, este sueño me hace recordar una historia que contaba mi hermano Luis Felipe, que una vez iba por entre cafetales en Sabanilla montado en su bici.

De pronto se topó con un toro negro e irremediablente tenían que encontrarse. Detuvo la bici y corrió a subirse a un enorme árbol que servía de sostén a los alambres de la cerca de una finca.

Cuando el toro siguió su camino, Luis descubrió que el árbol estaba cundido de espinas enormes, como del tamaño de una uña de la mano… sencillamente no podía bajarse.

Tuvo que agenciárselas para moverse un poco y lanzarse al vacío en medio de la penumbra.

Otros días que pasó por ahí, se maravillaba de la dificultad que presentaba ese árbol para subirse, era imposible!.

Historia con Casiana.

Este es el intento de un relato online.

Día uno:

En días recientes he sentido una nube de hechos y tenues pistas de que algo pasa a mi alrededor; no me cuesta llegar a sentir miedo, temores e inseguridades laborales y personales que están descalibrando todos mis mecanismos de control.

Siento que me siguen por las calles y que tienen el poder de mezclarse en asuntos de mi trabajo y hasta deambulan dentro de mi computadora. Intuyo a ciegas que buscan algo de mí.

Es confuso, no logro cuajar la situación para ver qué hago.

Día dos:

He sido invitado a conocer un laboratorio espacial en Guanacaste, un sitio enorme y lleno de jóvenes geniecillos que apuntalan todos los detalles de un novedoso sistema de locomoción intergaláctivo.

Carajillos como soy en mi interior, divago mentalmente y adivino que ellos, mis anfitriones, insisten en que mantenga un perfil bajo para poder cruzar a través de los sistemas de seguridad del lugar y así poder enseñarme poderosos experimentos totalmente alejados de la investigación espacial, camuflados dentro de todo ese aparato que se muestra al mundo para recaudar fondos y así financiar tales experimentos ultrasecretos.

Jajaja, mi mente  delira ante la ciencia pura…

Caminamos con soltura por las pasillos, y uno de los anfitriones, que saluda acá y acullá, es el que usa una tarjeta que abre todas las puertas que salen a nuestro paso.

Como esperando el momento apropiado, abordamos una mesa exterior de la soda y pedimos pinto y sopa negra con bastante chile, lo que consumimos con gran algarabía, casi diría que como para que nos vean y nos etiqueten como bulliciosos turistas locales.

Al llegar la noche, nos internamos en el jardín más apartado, el que está detrás de la biblioteca, la cual luce vacía a esas horas. Todos portamos cámaras fotográficas para captar, ver y disfrutar un sol enorme y anaranjado que baja rápidamente al otro lado de las montañas.

Día tres:

No supe cómo, pero cuando pasamos por una glorieta recargada de vegetación, sentí que me desvanecía y de seguro entré en camilla o alzado al sitio al que me llevaron, pues no recuerdo nada.

Ellos tenían un cuarto vacío, con unas sillas para combatir el aburrimiento y un puesto de oficina en un rincón, donde encontré un anciano científico ajeno al mal, pero capáz de satisfacer todas las investigaciones que el grupo se propusiera, secuestrado como se estaba, lo cual es fácil adivinar.

Asentí a viajar con ellos, porque me abordaron con el tema que me tiene desvelado desde hace días: una investigación genealógica que pasó de una inocente elaboración de la lista de mis antepasados directos a la confección de un enorme árbol genealógico colmado de detalles de los lugares de nacimiento y residencia, fechas, copias de documentos originales de bautisos, bodas y defunciones, etc.

Lo interesante fue que al armar el tronco del árbol, luego me fue interesando agregar hermanos y primos de esos familiares directos y luego, en un alarde de manejo de información y uso de técnicas de investigación más poderosas, empezar a retornar al presente desde cada una de esas ramas.

De esta manera, se conformó un ejército de nombres de familiares que viven en la actualidad, con diferentes apellidos y lugares de residencia, totalmente ajenos al lazo familiar que los une.

Por otro lado, aunque no me lo proponía, conforme me internaba en el pasado, aparecían nombres que conectan con lo que han dado a llamar La Dinastía de los Conquistadores y así, los antepasados, en vez de verse más rústicos conforme más lejanos quedaron, lucen interesantes y cargados de abolengo.

Un resumen de esa información la había publicado en mi blog y ellos la encontraron, llamándoles la atención un detalle:

Hice una genialidad con un documento que encontré en la página de un famoso genealogista, y la incrusté en el blog.

Ellos me dijeron que ese investigador, días después suprimió esa información, pero que la copia que hice tiene la clave de un asunto grave en el que puede fundamentarse la disputa de una herencia colonial que me puede sacar de pobre.

Claro, hablábamos de Lucas de Quesada y Chinchilla, el ùltimo de mis antepasados documentado y por eso no me costó nada creer un poco en lo que decían.

Me hizo gracia el asunto y, sin el menor asomo de ambición monetaria, fui entrando en la trama, tan solo porque los personajes investigados eran los de mi propia familia… claro, tengo frescos los recuerdos de que en mi familia siempre se habló de que en la casa del Barrio La Dolorosa había una botija llena de dinero de monseñor Anselmo, el anterior propietario del terreno.

Ellos me inspiraron confianza, pues todos portaban folletos con listones de sus propios familiares, expertos como se presentaban en estos asuntos de genealogía.

Día cuatro:

Poco a poco fui comprendiendo que querían ver mis documentos, pero como me habían espiado por todo lado sabían que solo mi llave malla los contenía… claro pudieron escanear mis llave pero la carpeta tiene clave.

Mis claves son un dilema inexcrutable, pero para mí no lo son. Eso lo aprendí de Diotallevi, el de Eco.  Son todas claves distintas, pero obedecen a una composición sistemática basada en un algoritmo que diseñé y solo yo conozco. De esa manera, puedo abrir y cerrar cualquier archivo encriptado por mí en un santiamén, a pesar del paso del tiempo. Ese algoritmo es una llave que me abre y cierra todos mis archivos, sin necesidad deser una estructura que se repita, ni tengo que memorizarla, solo manejo mi algoritmo y ya.

Vì el computador que estos maes tenían, donde habían conectado la llave y trataban de desencriptar el archivo: genealogía-Quesada, pero mierda, no podían esos maes.

Sabía que no iba a poder resistir la tortura o golpes, pues la edad ya no me lo permite.

Del joven que se quejaba con cólera porque el país “se puso de rodillas en los tratados de libre comercio cuando teníamos que renegociar aunque nos muriéramos de hambre” ya no queda nada y por eso me moría del miedo son solo imaginar que ya empezara lo rudo.

Debo confesar que me desmayé.

Día quinto:
Al despertar ya los maes habían perdido el glamour y se aprestaban a sopapearme hasta que les dijera la clave del archivo, se veían como deseosos de empezar la golpiza porque ahora le podían echar la culpa de la estupidéz a la compu que no pudo encontrar la clave.

Sonó un estruendo lejano y todos se fueron corriendo hacia las instalaciones científicas…

En ese momento, el viejillo me dijo que dijera la clave porque me iban a torturar a mí y a mis familiares, que les diera el dato y que me iban a dejar en paz porque poco importaba que yo supiera algo de eso y nunca iba a comprender lo que ellos estaban haciendo.

_Vea, ellos han sido enormemente perjudicados en un asunto en el cual están involucrados sus familiares, pero no pueden trabajar con esos descendientes actuales pues esa familia explosionó incontrolablemente, no pueden ser localizados; de hecho, sabemos que usted está en la búsqueda de los Quesada.

Les resulta más fácil trabajar con un solo antepasado y de ahí cortar la descendencia de manera tal que producirían un cambio en el resultado presente y así se recuperarían del daño, evitándolo.

No dude, se proponen matar a alguno de sus antepasados y así las personas del presente dejarían de existir instantáneamente.

Me costaba creerle al viejo, mas me parecía que disfrutaba en perturbarme y de seguro sentía gozo al saber que me iban a dar de patadas para que les diera la clave.

Trababa de calcular algunas cosas que podría decir o hacer, pero el no saber lo que se proponían me mantenía en ascuas.

Apareció uno de los chavalos, se me acercó casi sin determinarme y de pronto me cogió un poco de pelo de la cabeza, con una rudeza insospechada, con la otra mano me amenazó mientras yo trataba de subir el cuerpo para evitar el jalonazo. _Diga la clave y lo dejamos en paz, basura!

_¿Qué van a hacer?, ¿cuál es el documento que buscan?

_Ya vienen a hablar con usted, solo voy a ablandarlo para que coopere, basura. _y de seguido me rompió los labios de un manazo y luego me sacó el aire con solo arrimarme la rodilla al estómago…. ¡no recordaba la sensación de perder el aire!, menos estando amarrado, que uno no puede hacer ciertos aspavientos que le ayudan a recuperarse. No se lo deseo a nadie.

Entraron los elegantes y me rodearon, yo casi no podía entender lo que decían porque me hablaban entre todos, conteniéndose unos a otros porque me querían patear.

Uno cree que la realidad es inevitable, pero la ciencia ficción nos ha hecho creer que se puede ir al pasado y causar una paradoja, cambiando los acontecimientos con solo afectarlos desde ese pasado. Es una idea bonita para divagar y elucubrar, pero es imposible, porque uno existe y todo lo que hay en este momento existe, no puede “no existir de un momento a otro”… ¿o sí?

Eso, y el miedo, me convenció de colaborar, les dije que me dejaran digirar la clave con tal de sentirme suelto. Al levantarme, casi caigo al suelo, me faltaban las fuerzas y el valor.

Se avalanzaron como perros a recorrer las dcumentos escaneados de mis 500 antepasados hasta que se detuvieron en uno.

Aguzando el entendimiento, comprendí que el de Ángela Casia de Jesús Quesada Prado. Nooo, dije para mis adentros, mi antepasada favorita, todos la escogían como madrina del bautizo de los niños de sus 12 hermanos y sobrinos.

Poco a poco me dí cuenta que querían matarla para evitar el nacimiento de Judas de las Mercedes en 1860, bautizado en Guadalupe de Goicoechea.

Casiana, como la llamaban, había nacido en 1938 en Sabanilla de los Granados (hoy de Montes de Oca), casó con Sebastián Quesada León. Tuvieron dos hijos que murieron al nacer: Rafaela Jerónima Quesada Quesada y Rafael de Jesús Quesada Quesada.

Al enviudar, Casiana casó con José Mora y se desconoce si tuvieron hijos.

No veía en qué se bazaban para adjudicarle un hijo llamado Judas, pero no quería entablar conversación que pudiera sacarlos de algún error; solo les decía que estaban equivocados.

Ellos tomaron los salveques y se metieron al cuarto secreto, dejándome con el viejo, no sin antes decirme que solo iban a tomar a Judas. Él no me quitaba la vista y pronto me dijo que quería ver el momento en que desparecía de la realidad en cuanto ellos mataran a Casiana y a Judas.

Yo estaba frente a la máquina, moví los archivos digitales y encontré los nacidos en 1860.. ahí estaba Judas.

Le dije al viejo que igual daba desaparecerme frente a sus ojos que si me iba a la casa a organizar mi desaparición, le metí un empujón y salté por una ventana.

Iba a asomarme al cuarto secreto, pero había furiosos perros tenía que eludir, subiendo a un ábol cuyas ramas sobrepasaban la tapia.
Ya libre, corrí por las calles. De pronto recordé que el caso de Judas me había llamado la atención. Judas no era hijo de Casiana, era su ahijado, ella fue la madrina de bautizo. Judas fue hijo de Gregoria Ramona Quesada Prado y Yrés Andrés Quirós, solo que en el acta de bautizo se equivocaron consignando que la madre era Casiana.

Los maleantes iban para Guadalupe a buscar a Casiana y a Judas y ese antepasado ya estaba en el cementerio, pues también murió al nacer… recordemos que el cólera hacía estragos todavía luego de la Campaña de 1856.

Al pasar por por la delegación de policía entré y tomé una hoja, anoté los datos de la casa y puse que en el cuarto secreto tenían droga hasta decir basta, la entregué pidiendo confidencialidad para proteger mi integridad y me fui.

Esa carta fue firmada con el nombre de Judas de las Mercedes, jajaja

Continuará…


El 13/11/2010 me ví frente a un vendedor de lotería.
Sin pensarlo mucho escogí el número y compré casi un billete.
Luego, estaba en un potrero inclinado, de seguro de esos que resultan ideales para coger una caja de cartón, desarmarla, pasarle candela y lanzarce la vacío una y otra vez.
De pronto, pasó una avioneta lanzando objetos diminutos.
A mi alrededor había varias personas conocidas pero irreconocibles en mi recuerdo y conforme los objetos se iban haciendo grandes al finalizar su caída, nos aprestábamos con gran algarabía a ver si podíamos atajar alguno; a mí me correspondió atajar el primero. Se trataba de un diario impreso, doblado en 3 partes. Al desplegarlo, noto que en la esquina superior derecha apareciò destacado el número que había comprado y los del derredor se mostraban complacidos.
Ya en la realidad, es fácil hacer cábalas y notar coincidencias de ese número con otros de la propia vida y del presente, por lo que me voy a poner a jugarlo este fin de año… si pego les cuento de qué número se trata.

–>

El 19/09/2010 tuve un sueño:

Estaba sentado en un corredor o cochera, frente al mar, con una niña en brazos.
Veía el sol que bajaba para ocultarse, pero noté que se puso blanco brillante y descendió muy rápido en su tramo final.

Las nubes que componían el paisaje, enormes y blancas blancas, cayeron fugázmente como un telón y entonces el mar esgrimió unas olas enormes, la primera de las cuales llegó hasta mis pies.

Entonces me dí por perdido, abrazando a la nena.

Algo me alertó y supe que si me marchaba hacia San José, el mar nunca subiría 1200m y entonces estaría salvado, por lo que me marché de inmediato.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *